Langdon Winner

jueves, 13 de junio de 2013

Igualdad y justicia - Amartya Sen


No sé si habéis visto la película Enemigo a las puertas, un film de Jean-Jacques Annaud ambientado en la Rusia soviética de la II Guerra Mundial. Cuenta la historia en el ejército de dos amigos, periodista uno y francotirador el otro. Al final de la película, el periodista va en busca de su amigo tras haberse enterado de que éste mantiene una relación secreta con la chica de la que él, el periodista, está enamorado. Cuando le encuentra, le dice lo siguiente: «He sido un idiota Vassili. El hombre siempre será igual. Nos hemos esforzado tanto por crear una sociedad equitativa donde no hubiera nada que envidiar al vecino... Pero siempre hay algo que envidiar. Una sonrisa, una amistad, algo que uno no tiene y de lo que quiere apropiarse. En este mundo, incluso en el soviético, siempre habrá ricos y pobres, gente con esperanza y desesperados, ricos en amor y pobres en amor...».

Cuando vi esta escena no pude evitar acordarme del pensamiento de Amartya Sen, el economista indio Premio Nobel de Economía en 1998, y en concreto de su teoría sobre las capacidades. En esta escena queda muy bien plasmado que una distribución igualitaria de bienes no es el baremo que marca su justicia. De primeras cabría señalar que dos personas no son igual de felices porque tengan los mismos bienes, y que hay bienes que el Estado no puede dar. Pero este no es el punto sobre el que me quiero centrar. El punto donde toca de lleno la teoría de Sen es el acento puesto sobre la libertad positiva. Sen plantea la libertad entendida positivamente. No como ausencia de interferencias en la libertad de los demás, sino como la capacidad real de una persona de hacer o ser algo. El ejemplo con el que el pensador indio ilustraba esto era con un pueblo en hambruna. Su libertad negativa se mantiene intacta, ya que nadie impide nada a nadie, pero mueren todos, ya que no tienen la capacidad efectiva de alimentarse.

La política queda muy impregnada del aroma de esta teoría. Se puede defender que todos los ciudadanos tienen derecho a votar pero estipular que las urnas electorales estarán situadas a 2 metros de altura. La mayoría de la gente no tendrá la libertad positiva de votar –quedando intacta la negativa. Lo deseable de un programa político no será, pues, que busque una exasperada equidad de bienes, sino que garantice la obtención de los mismos según las capacidades de cada uno. Por esto la teoría del bien y la teoría de la justicia estarán íntimamente ligadas; es más, tendrán que colaborar estrechamente. Y los temas que abarcan las dos son de gran actualidad. ¿Una educación superior se considera bien fundamental? ¿Hasta dónde debe asegurar el Estado la capacidad real de estudiar una carrera universitaria para todo el mundo? ¿Las becas se han de conceder a los alumnos brillantes o a los que no pueden pagarse otro año más? Sin duda el pensamiento de Amartya Sen tiene mucho que decir a estas cuestiones.



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